Esperar

Por La Churro desde Chile

Hace unos días conocí a alguien. ¿Cuántas veces habrán leído esa frase de mí? Pero algo diferente sucedió, algo muy diferente a todos esos otros que "conocí". Él ha decidido que no quiere tener sexo conmigo. ¡¡¡¿¿Qué??!!! ¡¡¡¿¿La Churro emparejada con un hombre que no quiere tener sexo??!!! Pues no, no es broma. Decidí hacer lo que nunca hago y esperar, quizás sólo así el final podría ser diferente a todas las historias fallidas que he tenido. Quizás ahora no exista un final.
Lo conocí en una especie de cita a ciegas. Una compañera de trabajo me lo quería presentar hace varios meses y por fin se dio la ocasión en que yo organizaba una celebración con algunos compañeros. Ella lo llevó y hubo un clic inmediato. A primera vista, de todo mi gusto. Bailamos, conversamos, nos reímos mucho. Definitivamente de todo mi gusto. Los besos no tardaron en llegar. La celebración se extendió hasta mi casa, a la cual obviamente susodicho estaba cordialmente invitado. 

Ya muy entrada la madrugada, y con los comensales fuera de mi hogar, era el minuto de la celebración privada. Lo dirigí hasta mi habitación y las prendas de ropa fueron desapareciendo de nuestros cuerpos. Besos, besos, besos, muchos besos. Él se demoraba en concretar la acción. Pero como es usual en mí, si la montaña no va a Mahoma, La Churro va al pene. Algo así es el dicho, ¿no? "No ando con protección", me dice. "Yo sí", respondo, y como un mago saco el condón escondido bajo mi manga. Cuando voy a ponérselo, nuestro amiguito, como si estuviera asustado, comienza a ponerse más y más pequeño. Me pide disculpas, me dice que con condón le cuesta. No me hice mayor drama, pues entre el trasnoche, tanto alcohol en nuestra sangre y mi actitud arrolladora, era comprensible que su cosita no funcionara. Aun así siguieron sus deliciosos besos, sus manos suaves y fuertes que estremecían mi piel, su cuerpo rozando el mío y esa ansiedad que se confunde con el placer de promesa de sexo tan cerca y a la vez tan lejos.

Dormimos toda la noche abrazados. A ratos sentía como se preocupaba por mantenerme abrigada en aquella noche fría, y nunca, pero nunca dejó de abrazarme. Uno de mis sueños más placenteros, hundida en el pecho de aquel enorme hombre.

El despertar por la mañana fue llena de besos suaves y apasionados. Todos sus movimientos eran agradables, sutiles, y a la vez llenos de virilidad y potencia. Yo estaba ardiendo desde el intento de la noche anterior. A ratos, contra mi piel sentía su pene duro, pero la erección no duraba lo suficiente. Nuevamente nos llenamos de besos, caricias y una desnudez exquisita. Al poco rato se levantó, tomó sus pertenencias, anotó mi teléfono y se fue. No volví a pegar el ojo. Me había gustado ese hombre, pero me desconcertaba el hecho de que su pene no se mantuviera firme para poder penetrarme. 
Todo el día le di vueltas al asunto en mi cabeza. Lo adoré como hombre, pero si su miembro no funcionaba, definitivamente aquello no duraría una noche más. ¿Cómo puede ser una relación sin sexo? Quizás para algunos eso es amor real, para mí es simplemente una tortura. Y mi mayor duda: ¿aquello era una impotencia circunstancial o realmente ese pene no funcionaría nunca? Tenía que volver a verlo y averiguar.

Pasamos un par de días hablando por WhatsApp (bendita y odiada tecnología) y parecía que lo conociera de toda una vida. Llegó el día en que nos volvimos a encontrar, fue a verme a casa. Definitivamente lo conocía de toda mi vida. A ese hombre podía amarlo con pasión y locura. Me gustó su discurso, su pensamiento, sus sueños, todo, hasta sus vicios y defectos eran perfectos. Una maravillosa conversación de horas y horas llenos de mimos, cariños y apapachos. De pronto me dice que debe irse. ¿Pero cómo? Si yo estaba con toda mi ropa intacta. "Quédate conmigo", le pedí, pero algunas obligaciones muy temprano por la mañana se lo impedían. Aquel hombre no se iba a ir así de mi casa, dejándome con las ganas (y la duda) acumulada de varios días. Nuevamente tomé el control de la situación y lo provoqué sin ninguna sutileza. Le saqué la ropa y le hice sexo oral por un breve instante, con ello pude corroborar que el sujeto podía mantener una erección decente, pero lo que yo quería era sexo "real". Subí hacia él y con movimientos mezcla del Cirque du Soleil y la WWFE lo dejé justo en la posición que quería, entre mis piernas y sobre mí. "No, no, no", me decía "Hoy no", y veo como pone cara de concentración y en un par de segundos su amiguito se volvía tristemente pequeño otra vez. O sea, no mantenía la erección simplemente porque no lo quería. Quedé impactada "wow! Que fuerza de voluntad tan grande", le dije, y le pregunté por qué no quería tener sexo conmigo. "Quiero conocerte -me dice- tocarte, conocer tu cuerpo primero. No te apures, tenemos tiempo". Esa noche me tocó con una gracia mágica. Nunca había estado tan excitada, me mantuvo todo el tiempo en ese segundo exacto que antecede a un orgasmo, el climax del placer sin que este nunca llegara. Lo que sentí fue... no sé ni como explicarlo, no hay sinónimos, no hay analogías, sólo está mi suspiro al recordar esa más de media hora que mantuvo mi mente apagada y mis sentidos a punto de caramelo.

Ya en mi soledad comienzo a pensar que todo en él es coherente. Su forma de pensar y todo lo que hablamos coincide con su actuar en aquella espera que quiere mantener. Más de una vez, en ese mismo blog, he criticado duramente a aquellos hombres que creen que los besos y caricias son sólo la antesala a un burdo acto sexual, que no valoran el placer del erotismo, de las caricias, del olor de la piel... pues yo me había convertido en uno de eso neardental que buscan la genitalidad vacía para luego desechar a quien ya no le sirve para el placer y reproducción. Ahora creo que si en este minuto estoy replantando mi vida en varios sentidos, por qué no aprovechar esta señal de la vida enviándome a un personaje que me invita a revalorizar el erotismo, el placer en los actos cotidianos más que en la genitalidad, a quien me provoca un orgasmo mental con sus conversaciones, y quién sabe si quizás también me ayude a resignificar el -ahora sin sentido- "hacer el amor". Quiero atreverme. He decidio esperar.



CONVERSATION

7 ya son Blogger@s:

  1. Ay churrito como me hacian de falta tus letras.. ya llevabas un tiempo de no postear! Tenes tanta suerte nena! Ahora a esperar pues y ójala sea para bien definitivamente por lo que escribes el chico promete.. :) Vos disfruta y dejale al tiempo todo!!
    Saluditos! :*

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    1. Si, me había tomado un receso para ordenar algunas ideas. De a poco estaré de vuelta. Yo también extrañé tus comentarios jejeje
      Y así mismo, ahora simplemente a esperar.
      Besitos preciosa!

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  2. Me pasó con mi actual pareja, fue lo mismo lo que me atrajo a él...definitivamente tiene valores dignos de destacar. Excelente entrada!

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    1. Justamente eso es, valores. Debería ser algo elemental para todos, pero es sumamanete difícil de encontrar.
      Cariños Amy, y gracias por comentar

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  3. Mamada estratégica, bien por ti, sabiendo que el tema arma la espera tiene sentido.

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  4. Hace tiempo que no entraba por acá. Me pasó lo mismo con quién es mi actual pareja!! yo que jamás pensé en tener algo serio jaja... Y realmente es rica esa sensación. Cuándo el me dijo que primero quería que nos conocieramos, conocer mi cuerpo, tocarnos.. uff... cuando ya pasamos al acto sexual concreto fue una maravilla, yo en algún momento tenía miedo de "decepcionarme" y engancharme, por suerte no fue así y aquí llevo casi un año con él.
    no sé que habrá sido de esta historia tuya churro, pero a mi por lo menos me ha ido de maravillas..

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