Conversaciones de una oficina matriarcal

Por Viviana Acosta R desde Colombia.

Era un viernes cualquiera, que transcurría con más inconvenientes de los que uno quiere. Me dedico a la tecnología, dirijo el área TIC de una empresa X. El ambiente es bacano, pero la gente sale con cada cosa...


El último acontecimiento loco fue el de la recepcionista, los mensajeros que llegan le cuentan anécdotas con frecuencia. El viernes del que les hablaba antes, llegó uno de los tantos mensajeros y, al despedirse lo hizo con más amabilidad de habitual en un mensajero. Le deseó un buen fin de semana y todo. Le dije "Conseguiste otro admirador", todos reímos y empezamos a molestarla. Ella comentó que siempre le coqueteaban los viejitos y que el último y más fastidioso de todos los tiempos, no había vuelto. Le pregunté si se refería al señor que le contaba sus problemas con la próstata y, como estamos en un espacio abierto y todo se escucha, la conversación se hizo grupal. 

Bromeamos un rato con eso de los viejitos, rememoramos algunas cosas bizarras que le han pasado en la recepción y todos nos reíamos de las tragedias de esa pobre mujer. Hasta que llega una compañera y sale con el apunte, "pero si ya le caen los viejitos, cásese con uno que tenga harta plata y la ponga a vivir como una reina". El comentario fue desaprobado por toda la comunidad, el sentir común era que ella debía casarse con alguien bien y por amor, "si se enamora de alguien mayor, bueno, pero exista amor". La tapa fue cuando otra compañera argumenta, "¿pero que?, se casa con el viejo y pa' pasar bueno, se consigue un amante".

En mi arrebato de euforia y desaprobación, comencé a gritar, "que es lo que le pasa a estas mujeres por Dios, como le aconsejan esas cosas." Dirigiéndome a la recepcionista le dije "No se te va a ocurrir hacerle caso a estas mujeres".

Media hora después de la conversación loca, se desató el caos nuevamente. Esta vez porque la que sugirió el casamiento con el viejito, olvidó en casa los aretes y fue a la que sugirió lo del amante, para ver si tenía unos extra, los tenía, pero no le salían con el atuendo. Así comenzó la cosa, se empezó a mover con su barrigota (está embarazada) a buscar puesto por puesto de cada compañera, unos aretes extra que le combinaran. No los encontró y le tocó ir a una farmacia a conseguirlos.

Así transcurren los días en esta oficina, en la que la mayoría somos mujeres y en nuestros escritorios tenemos acetona, esmaltes obviamente, limas, aretes extra, protectores diarios y más.

Había un compañero que se quejaba de que los dos baños de la oficina fueran solo para mujeres y a ellos les tocara ir a los baños de afuera, alzaba la voz y protestaba diciendo "esto es un matriarcado" mientras salía a hacer pis.

Bueno chicas me despido. Debo continuar con mi trabajo y estoy supervisando y procesando varias cosas mientras les escribo. Por aquello de que las mujeres podemos hacer más de una cosa al tiempo.



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