Cómo algunas malas colaboraciones pueden acabar con el frágil ecosistema del blogging (parte I)

¿Sabías que para poder construir un edificio, un arquitecto ha de pasar entre seis y diez años yendo a clases, congresos, ponencias y largo etcétera de una formación bastante exigente, antes de enseñarte esas tres líneas quizá dibujadas en una servilleta de papel?




1-Ser consciente de qué supone tener un blog


¿Sabías que construir un edificio, de cualquier tipo, exige una serie de licencias, permisos y en general, conocimiento acerca de temas muy diversos, además de mucho tiempo implicado en la gestión y procesos previos de documentación? Ahora, transforma la imagen de este edificio en tu blog. En su cabecera y barras laterales. En ese logo que te costó días pensar y otros tantos digitalizar; en el contenido que has tardado meses (o quizá años en el caso de lxs mxs veteranxs) en redactar, cuidar y documentar con sumo cuidado, fotografías de tus outfits o collages incluidos. Piensa en el tiempo que dedicas a compartir y planificar ese contenido en tus redes sociales, en cómo enfocar ese nuevo artículo para que sea material atractivo en esta red o herramienta, pero quizá no en la otra. ¿Crees que el arquitecto construiría el encargo que le ha realizado su cliente de forma gratuita? La respuesta es tan obvia que me parece hasta innecesario decirlo, pero indudablemente NO.



2-El coste oculto de ser blogger

La mayoría de bloggers (y me refiero a bloggers de todo tipo, utilizando un término totalmente generalista) comenzaron sus bitácoras y pequeños espacios en la red como salida a diferentes tipos de necesidades personales, donde surgía la necesidad de escribir, fotografiar, documentar y en general, compartir un contenido para obtener una respuesta de un público concreto. En la mayoría de casos, un blog nunca surge como primera opción a una idea de negocio si no que, son una minoría los que se han ido transformando y adaptando, en muchos casos apareciendo nuevos casos y modelos económicos, tan exitosos como virales. Un blog sigue siendo hoy en día, una herramienta cuya premisa principal es la de crear y compartir contenido, donde el autor o autores suele ser el editor principal que cumple funciones muy variadas, como pueden ser la escritura de artículos o posts, la captura y posterior tratamiento de las imágenes, así como todo el trabajo de márketing, posicionamiento y procesos difusión de contenidos por muy simplificados que estén. Todo esto conlleva una dedicación, empleo de tiempo y recursos personales que no reciben retribución y que se hacen con gran esfuerzo casi en paralelo a la vida profesional cotidiana.
En muchos casos, estas prácticas conducen a una profesionalización del blog, llegando a invertir además de mucho tiempo y esfuerzo, algunos ahorros en la compra de un dominio, plantillas y en general, recursos que enriquecerán y aumentarán la calidad y valor del blog de cara a los lectores, tanto habituales como ocasionales o los llamados "de paso".


3-La extendida falta de respeto por el trabajo ajeno

Volviendo a nuestro símil inicial, cuenta las horas que le dedicas a tu blog a la semana. Dependiendo del tiempo que lleves bloggeando y tus costumbres, dedicarás más energías a planificar o pasarás directamente a la acción de escribir, o quizá es el retoque fotográfico si tienes un egoblog o publicas reportajes lo que más tiempo consuma. Quizá tampoco le dedicas un tiempo excesivo a tu blog, o como yo, no puedes dedicarle tanto tiempo como te gustaría pero intentas mantener el hábito.
Lo que está claro es que todo editor de un blog cumple unos objetivos gracias a un esfuerzo y unos plazos más o menos ajustados, gran parte del tiempo por puro hobby y sin obtener nada a cambio. Entonces... ¿Qué ocurre cuando una marca, empresa o potencial patrocinador se pone en contacto con nosotrxs? Ya que por desgracia suelen ser una excepción y equivalentes al avistamiento de un espejismo, y no son el objetivo principal de este artículo, obviaré las buenas y pasaré directamente a enumerar las malas prácticas más corrientes llevadas a cabo, tanto de un lado del terreno de juego como del otro, y cómo pueden llegar a afectar (si no lo están haciendo ya) al frágil ecosistema en que se han asentado, ahora sí hablando de forma particular, los blogs de moda.



Entrada enviada por nuestra colaboradora externa Amanda Ramón del blog www.somethingfashion.es






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