No te mates… ¡Ya te amo! - Tercera Parte

Enviado por Viviana Acosta R desde Colombia 

Sebastián al principio no pronunció palabra, solo atrajo a Magnolia a su pecho y la abrazó cálida y fuertemente. Mientras la abrazaba hecho un vistazo a su alrededor. Observó el interior de ese apartamento. Todo era un asco. Había líquidos regados en el suelo, todo estaba tirado, era evidente que hacía mucho tiempo nadie organizaba nada en ese lugar. Sebastián, se percató del buen gusto de Magnolia, todo en ese sitio a pesar de desordenado, era bonito, de estilo sutil y delicado. Olía a comida descompuesta, mezclada con alcohol etílico y ceniza de cigarrillo.

Sebastián se percató de la existencia de una mesa pequeña en el centro de la sala, sobre ella habían jeringas, pastillas, una soga, cuchillos, mata ratas, tijeras, entre otra cantidad de cosas. Magnolia tenía la máscara de pestañas corrida, los ojos hinchados, las uñas comidas.


Luego de hacer aquel reconocimiento del lugar, Sebastián decidió sacar a Magnolia de esa atmósfera viciada en la que se encontraba; le sujetó el rostro, la miró por unos segundos fijamente a los ojos y le dijo:
_Voy a sacarte de aquí y todo va a estar bien. Te lo prometo.
_Está bien.  (Respondió Magnolia, soltando un leve suspiro).
_Magnolia, júrame, júrame que no volverás a intentar quitarte la vida. Quiero ayudarte, no te conozco, no sé quién eres, no sé porque intentaste esto, no sé si estoy poniendo en riesgo mi propia vida, lo único que tengo claro, es que te quiero ayudar, pero me tienes que ayudar a ayudarte. Júrame que no te harás daño.

Magnolia rompió en llanto, y le dijo:
_Por alguna razón, llamaste hace un rato. Tu llamada me salvo de mí. Por alguna razón, creo que debo seguir viviendo. Así que creo que no atentare contra mi vida.
Sebastián se la llevó así sucia como estaba. La condujo hasta su apartamento. Él se había hecho el propósito de demostrarle que ella era alguien importante, incluso para alguien que no la conocía. Siempre había pensado que cuando alguien intenta suicidarse, es porque su vida ha llegado a un punto en el que carece de sentido, sentía la necesidad de ayudar a Magnolia a recobrar su apego a la vida, sin importar lo que le estuviera ocurriendo.

La sentó en la barra de la cocina y le preparó algo delicioso de comer. Se lo dio en la boca, como a los bebes. Le preparo un baño caliente, con esencias relajantes. Sacó del baño cualquier cosa que representara algún tipo de riesgo para Magnolia. Él no quería que ella se suicidara, menos aún en su apartamento. Sabía que no podría llevar una vida normal, si llegase a tener un incidente así.

Magnolia tomó su baño caliente, se relajó, pensó mucho en sus circunstancias, en su vida, en lo que había tratado de hacer, lloró en silencio para no preocupar a Sebastián. Salió del baño y encontró en la cama ropa de mujer sin estrenar, bonita, moderna, de colores neutros, de un estilo diferente al de ella, pero de muy buen gusto. Se le hizo extraño y le dio miedo. No sabía porque Sebastián le había comprado esa ropa que aparte era de su talla. Pensó mil cosas, entre ellas que estaba en manos de un maniático.


Ella había intentado suicidarse, si, pero en este punto estaba decidida a enfrentar la vida con coraje, pues se sentía que su extraño encuentro con este hombre era una señal que le pedía seguir viviendo. Así que se vistió y salió de la habitación. Encontró a Sebastián en la sala trabajando en su portátil  y lo abordó.
_¿Por qué tienes esta ropa nueva y de mi talla en tu apartamento? ¿Eres un maniático que evitó que me matara para matarme tu? ¿Quién eres? ¿Qué quieres?
Preguntó Magnolia con un aire de tranquilidad y entera calma
_Porque fui travesti y soñaba con entrar en tu talla. Y si, aparte de todo soy maniático y creo que con esa ropa sale muy bien un collar hecho de tus intestinos, pero tranquila, trabajaré para que no te duela mucho, el Dr. Hannibal Lecter me enseñó bien.

Contestó Sebastián igual de tranquilo tras levantar la mirada y observar lo bella que había quedado Magnolia, sin aquel maquillaje viejo y su ropa sucia.

Luego de ese cruce de palabras, Magnolia y Sebastián se quedaron mirándose fijamente, por la cabeza de ella pasaban mil cosas, quería salir corriendo, quería ponerse a llorar y lo seguía mirando a los ojos, pretendiendo encontrar ese psicópata que la estaba asustando, pero solo veía a un buen hombre.  De la nada, Sebastián, soltó una carcajada y le dijo….

_No tengo tiempo para perder matando a nadie. Me da miedo la sangre, y me gusta viajar por todas partes pero por hobbie, no de fugitivo. Ni si me hubieses hecho algo.

Dejó su laptop de lado y caminó hacia el balcón. Respiró profundo y continúo diciendo…

¡Continuará!

Lee la primera parte acá.
Lee la segunda parte acá.



CONVERSATION

1 ya son Blogger@s:

  1. AHHHHHHHHHH que horror, por qué nos dejas así, quiero saber que pasa :(

    PD: igual raro lo de la ropa, quiero una explicación jajajjaja

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