Inusual #6: La viajera del tiempo

Por Tania Yesivell desde Honduras 

Érase una vez una mujer, joven y normal, que tenía un sueño sencillo: 
Dejar de ser normal antes de dejar de ser joven.

La broma del viaje en el tiempo solo la entendió ella. ¡Y eso que no tuvo más remedio que explicarla!

Lo hizo cualquier día, cuando estaba esperando a una amiga que iba a comprar golosinas en el supermercado. Estaba lleno de gente, pero ya que las circunstancias se daban, ella no diría que no al destino del bromista.

Avanzó entre el tumulto para acercarse a una de las cajas, haciendo como que lo evaluaba todo. Sin prestar atención al hecho de que la joven encargada estaba muy ocupada, le preguntó con la voz más sospechosa y el acento más raro que pudo fingir:

―Disculpe usted señiorita, ¿me puede facilitar la fecha que transcurre?

Con la mayor naturalidad e impaciencia del mundo, la cajera respondió:
―Hoy es diez.

Eso no era lo que su broma requería, así que no tuvo más remedio que insistir.
―Perdonará, la señiorita, pero, ¿puede ser más específica? 

―Viernes, diez de octubre ―respondió ahora la cajera. 

Haciendo un gran esfuerzo para no refunfuñar ni poner los ojos en blanco, preguntó de nuevo. Y se juró que si esto no bastaba se regresaría a la puerta a esperar a su amiga.
―¿Y el... añio?

―¿Tanto así hemos estado bebiendo? ―se burló la cajera―. Todavía es el 2014, ¿ve?

―¿2014?

―Eso dije.

―¡Maravilla! ¡Ha funcionado! ―gritó la bromista, ahora con el acento mucho más marcado, y tal como decía el instructivo que había elegido al azar, se dio la vuelta y corrió... casi.

En el primer paso ya se había estrellado con un hombre de traje que la miró ceñudo. Detenida entre los muchos clientes, pudo escuchar la pregunta de la cajera:

―¿Que cosa le funcionó?

―¿No se imagina qué? ―preguntó la bromista, ahora sin fijarse en mantener entonación alguna.

―Pues no, la verdad no.

―Pregunto el año y actúo extraño, y ¿usted no adivina de que se trata?

―No.

―¿De qué se trata? ―preguntó la mujer que tenía su turno de pagar.

―De viajes en el tiempo, supongo.

―¿Supone? ―dijo la cajera.

―¿Como así? ―preguntó el hombre ceñudo.

―Pues en la lista no dice lo que es, pero se sobreentiende...

―Es para una película, ¿verdad? ―dijo la otra mujer.

―Eh... sí. Claro. Con... permiso. Ya me... Ya me tengo que ir.

Todos se quedaron considerando lo visto, explicándose unos a otros el sentido de aquello. La cajera tuvo de qué hablar todo el día, y una anécdota curiosa para la fila del cine el martes siguiente.

Su amiga, que ya tenía las golosinas, quiso saber porque ella estaba tan triste de pronto, pero la bromista se negó a responder.



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