La Navidad es AMOR

En mi iglesia celebramos la Navidad porque un bebé nació; un bebé que crecería para sacudir los cimientos de una religión y, para salvar a todo aquel que aceptara semejante obsequio.

No soy el mejor ejemplo de cristiana. O quizá lo soy, quizá así son los cristianos ahora; no es eso de lo que quiero hablar. Lo que quiero decir, es que a pesar de que no sé si conozco todas las costumbres con que se recibe la Navidad, nunca he dejado de celebrarla en familia.



A veces me parece extraño que sea tan fácil hacer una fiesta y tan difícil creer en lo que se celebra en esa fecha. Pero de vez en cuando un amigo que no cree me dice que sí, que diciembre es un mes feliz, por el sencillo motivo de que sus seres queridos lo sienten importante y él comparte eso con ellos. Y supongo que eso es suficiente. Que no importa en qué creamos, la distancia o las ocupaciones, encontremos un momento para amar a los nuestros, incluso hacer bien a un extraño.

Sí, la Navidad puede ser divertida, pero me tomaré la libertad de recordarles (y agradecer a quien accidental o conscientemente me lo recuerde a mí) que la Navidad no es sobre luces brillantes, regalos caros, borracheras o cenas ostentosas. La Navidad es más bien sobre amor y aunque se vea cortita, esa palabra es grande. No nos ajusta diciembre para comprenderla y aplicarla, pero hoy es buen día para empezar, ¿a que sí?

Bien, ahora que les he aburrido con mis pensamientos, permítanme desearles una Feliz Navidad y un año nuevo lleno de oportunidades para amar.



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