Hasta el color de mi cabello te pide a gritos que me mires

Hace casi cuatro años (más tu crisis de los cuarenta) que dejamos de ser dos. Ahora hay tanta gente para "jugar", que dime: ¿con quién juego yo? ¿No ves que soy yo con quien deberías jugar? Y me dices: "Si te llevo conmigo, me darás tormento y malos ratos".
"No es lo mismo ser que estar, no es lo mismo estar, que quedarse, ¡que va! Tampoco quedarse es igual que parar, no es lo mismo."




"¡Puerta y aire, que me asfixio!", gritas enloquecido. Yo te grito que estás a mi lado, pero me echas a un lado. Y tú dices: "yo te necesito", como si escucharlo me bastara. Y yo te digo: "pero no de la misma manera que te necesito yo", aunque tú ya habías cerrado la puerta. 

Y comienza el círculo vicioso y agonizante de: mirar el reloj, comer, mirar el teléfono, comer, llamarte y que no me respondas, comer y llorar... y comer.
"Es distinto conformarse a pelear, no es lo mismo, es distinto."

No gana el que tiene más ganas, sino el que necesita menos del otro. La verdad no está en las palabras, sino en los actos. No tener razones para quedarse es una buena razón para irse.



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