Belleza, ¡de verdad!

¿Quién no se preocupa por verse bien? La mujer tiene un distintivo: la vanidad. Todas, en mayor o menor grado, somos vanidosas y pienso que no es malo, por el contrario, creo que es una característica que nos distingue y que si la encausamos para bien podemos lograr muchas cosas, entre ellas, y la más anhelada, la seguridad.



Sin embargo y por naturaleza nunca estamos satisfechas con nosotras mismas. Mientras nos probamos la ropa, pensamos: si tuviera más aquí, si tuviera menos acá… en fin, nos encanta y nos aprisiona a la vez pues nos volvemos esclavas de lo que la mente nos dicta que debe ser, pero, ¿cuándo nos dice que nos pongamos un corazón grande para ser felices y vivir plenas y en paz?

Luego añadimos la interminable búsqueda de aceptación social. La que nos hace olvidar nuestra propia belleza y autenticidad, en lugar de ser responsables con nosotros mismos, aceptarnos como somos y dejar de imitar lo que vemos a nuestro alrededor.



Los ojos son el espejo de nuestra alma. Vamos a usarlos y darnos cuenta de que en el mundo no existe otra/ otro como nosotros. Lo bello no reside en la igualdad ante los estándares de calidad, sino en la diferencia y en la conciencia de esto.

Y si vas a sembrarte arrugas, que sean de no parar de sonreír.


Entrada enviada por Haydeé Ambríz, México.



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