Inusual #1: Aperitivo

Por Tania Yesivell desde Honduras 


Érase una vez una mujer, joven y normal, que tenía un sueño sencillo: 

Dejar de ser normal antes de dejar de ser joven.



―Quiero ser... inusual ―declaró una compañera del trabajo, en la fila para usar el microondas.

¿Quería serlo? Pues por eso, lo era.

―¿Qué tan inusual tienes que ser, para querer ser inusual en una sociedad como la nuestra? ―repliqué de inmediato.

No hablaba mucho con ella, pero el juego de palabras me obligó a hacerlo en esa ocasión. Y ella sonrió, satisfecha, mientras abría un gran frasco de mayonesa que había traído con su almuerzo.

Era uno de esos botes de vidrio, de boca ancha, así que me pareció un poco extraño porque ahora es más fácil encontrar presentaciones más portables. Nadie más parecía fijarse en eso, ni siquiera sus amigas, que me veían mal por mi comentario «pesimista» y la alentaban a ser original.

Tomó sólo un momento antes de que una de ellas se diera cuenta de que se llevaba a la boca la cuarta cucharada de mayonesa. Admito que para entonces, yo ya estaba segura de que esta mujer alcanzaría su sueño de rareza con fácilidad.

Sus amigas hicieron caras extrañas y uno de nuestros compañeros que llegaba se tropezó con una silla y casi causó un desastre por andar distraído mirando el aperitivo.

―Eso te va a hacer daño ―la regañó una de sus allegadas.
―Seguro perdió una apuesta ―comentó alguien en una mesa cercana.

Ella no dijo nada en absoluto. Su cara de gusto indicaba que la mayonesa estaba muy buena o que las expresiones de los demás le sabían a victoria.

―¿Quieres ser inusual también? ―me ofreció, cuando le quedaba solo la tercera parte―. Y te contaré un secreto.

―¿No deberías comerlo completo para que todas estas se desmayen? ―comenté, señalando a nuestras compañeras.
―No, pero sí se vería mejor. Creo que quiero... admitir que no soy inusual.

La mayonesa no sabe nada mal, pero las malas miradas sí. Aunque, siendo un desafío...

―Bueno, pero me tienes que contar un secreto.
―Si te la terminas, lo sabrás; lo prometo.

Así que tomé el frasco y lo vacié utilizando la cuchara que había traído para el almuerzo que estaría caliente en 64 segundos más.

Y sí, supe su secreto: la chica no era inusual. Pero parecerlo es buen comienzo.
Además, era muy buen yogurt.



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