Soñar para ver: El sueño que salvó una vida

Como ya les anticipamos al presentar esta sección, además de interpretar sus sueños, también vamos a relatar sueños ligados a experiencias reales, el fin es que vayan aprendiendo a descifrar el lenguaje onírico.

Estaba en la cama, de pronto, los gritos de mi hija adolescente pidiendo auxilio me despertaron. Fui hacia su habitación y la encontré en un tornado inmenso de fango que la estaba engullendo. Agarré con una mano el marco de la puerta y me lancé al ciclón, me estiré cuanto pude hasta conseguir alcanzarla, casi de milagro logré tomarla de la mano y tiré con todas mis fuerzas hasta sacarla de aquel denso torbellino de lodo.
La pesadilla de Pilar avisa de un serio peligro de muerte; pero, ¿qué sucedió?

Dos noches más tarde Pilar yacía en su cama, esta vez no soñaba, se encontraba bien despierta. Sonó el teléfono y una voz le dijo: Su hija ha sufrido accidente de tráfico. Está viva, pero su estado es muy grave. ¿Imaginan la angustia de esta madre?

Al llegar al hospital, el guardia de seguridad no le permitió cruzar las puertas que conducían al pasillo de la UCI de urgencias, tras los cristales, doctores y más doctores corrían hacia una sala, las enfermeras se apresuraban en llevar todo tipo de instrumental médico. Pilar tenía que atravesar esas puertas, lo sabía con absoluta certeza, era consciente de que debía tenderle la mano a su hija para sacarla de donde fuera que estaba. De pronto, una nube de batas blancas y azules salió de aquella sala empujando una camilla a toda velocidad. Pilar se lanzó más allá de las puertas y corrió sin que nada ni nadie la pudiera parar. Al llegar a la altura de la camilla vio a su niña brillando en sangre, sus huesos despuntaban a través de la carne y estaba inmovilizada con mil aparatos… Todo su mundo se vino abajo, se quedó congelada por el horror, tan solo fue capaz de murmurar dos palabras: MI HIJA.

Al amanecer llevaron a la joven a Cuidados Intensivos, los días siguientes se hicieron eternos; pensar que estaba viva y entera era el mayor consuelo de Pilar. Pasó cientos de horas junto a la cama de la muchacha, miles más bien… Y ahí, junto a aquel aparatoso camastro de hospital rodeado de pitidos, pantallas y botellas de medicamentos, su hija le contó cuanto recordaba de la noche del accidente.

No sentía ni dolor ni miedo, únicamente paz. Estaba tan a gusto que solo pensaba en que los plastas que gritaban de fondo me dejaran de incordiar; deseaba más que nada disfrutar de aquella tranquilidad y aquella luz que me envolvía. Los gritos cada vez sonaban más lejanos: ¡Se nos va! ¡Se nos va! De pronto, una voz surgió por encima de aquel remoto barullo, era tu voz y no gritaba, más bien susurraba, te oí decir MI HIJA… El tono de esas dos palabras me alarmó, algo muy malo tenía que estar sucediéndome, debía luchar, no podía continuar retozando en aquella tentadora paz. En ese justo instante, un dolor desgarrador se apoderó de todo mi cuerpo, empecé a sentir como mis heridas latían y supe que acababa de escapar de la muerte, tus palabras cruzaron al otro lado y tiraron de mí para traerme de vuelta. Me salvaste la vida, mamá.
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Foto: J. Steele 



CONVERSATION

2 ya son Blogger@s:

  1. oooooooooooooooohhhhh........me emocioné

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  2. Wow que increíble historia verdadera, que increíble soñar y que luego pase. A veces los sueños nos advierten¡ que gran sección

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