Esperando que te seduzca esa señora llamada Karma

Se me desgarra el corazón de tanto recordar cuando salías de la casa sin ninguna excusa aparente. Estabas más callado de lo normal, te movías sigiloso, como si no quisieras que yo lo notara para que no te preguntara, para no tener que mentirme más. Tu actitud me resultaba chocante, pues jamás habías sido tan distante conmigo, todo lo contrario. Ya no me necesitabas, peor aún, creo que te estorbaba mi sola presencia, mi voz. 



Me quedé queriendo sola y no me percaté antes. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué tiene que terminar lo que es bueno? ¿Por qué se te acabó el amor? ¿Acaso fui demasiado buena? No entiendo, siempre estuve para ti... hasta en tus peores momentos.

Si querías hacerme explotar para que yo fuera quien tomara la decisión de dejarte, ¡lo lograste! Ahora tienes toda tu libertad y tus ganas de vivir la vida loca en las postrimerías de tu tercera década. Ridículo. 

Es injusta la vida, pues ahora te sientes bien, luces mejor y tienes nuevas amistades... y dicen las "buenas lenguas" que hasta nueva novia tienes, desde hace un par de meses atrás. Dicen que no tome justicia en mis manos, que se lo deje a Dios o a esa señora llamada Karma. Eso he decidido hacer. Mientras tanto, aquí estoy, viendo cómo pasan los días después de "humillarte", como describes mi acción de haberte dejado. Sabes que no tienes por qué justificarte, sabes que no jugaste limpio. Me acostumbraré a llamarte: "mi ex esposo".




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